¿Te gustan los Porsche 911 clásicos? ¿Te gustan los BMW M3 de primera generación? ¿Te gustaría tener un Mercedes clásico “youngtimer” para usar diariamente? A mí también, te lo aseguro. Tengo malas noticias: ya no nos los vamos a poder permitir. Nuestra cuenta de ahorros se queda muy corta ante la más que sustancial subida del precio de los coches clásicos. Sí amigos, la burbuja especulativa ha llegado sin hacer ruido y se ha instaurado con muchísima fuerza en el mundo del automóvil clásico, ¿Cuál es el motivo? ¿Podemos hacer algo al respecto? ¿Cuáles son los vehículos más afectados?

Un refugio de valor en tiempos de baja rentabilidad

Sí amigos, la burbuja de precios del automóvil clásico es muy real. La tendencia de precios ascendente comenzaba a finales de la última década del siglo XX, pero su crecimiento ha sido imparable desde que los bancos centrales de medio mundo – desde el BCE a la Reserva Federal de EE.UU. – bajaron los tipos de interés para favorecer el crédito en tiempos de crisis. Estoy hablando del año 2008/2009. Como resultado, las inversiones convencionales han reducido su rendimiento enormemente. Es el mismo motivo por el que las cuentas bancarias apenas tienen rentabilidad actualmente. La bolsa sigue siendo una inversión arriesgada, y por tanto no apta para todos los públicos.

 

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¿Qué tiene esto que ver con el coche clásico? Mucho más de lo que parece. Cuando los productos financieros habituales reducen su rentabilidad, los capitales buscan inversiones alternativas. Metales preciosos como el oro son refugios de valor en tiempos de crisis o baja rentabilidad; por ello la cotización del oro ha pasado de una media de 300$/onza antes de la crisis a la actual cotización cerca a los 1.200$/onza, una revalorización del 400%. Con los coches clásicos ha ocurrido lo mismo, se han convertido en un refugio de valor para grandes fortunas, y ello ha hecho que la especulación con estas obras de arte rodantes se haya disparado en igual medida que la especulación con obras de arte de grandes pintores.

Los valores que alcanzan algunos coches en subasta son auténticamente ridículos: los Ferrari 250 GTO rompen la barrera de los 10 y los 20 millones de dólares frecuentemente, y ya es casi imposible comprar un Mercedes 300 SL por menos de siete cifras, cuando hace unos años apenas llegaban al medio millón. El problema es que esta espiral de precios no sólo afecta a deportivos exóticos de alta gama: la gangrena se ha extendido a cualquier clásico con cierta reputación en el mundillo. Y es en ese punto cuando nos toca de manera real, desvaneciendo toda esperanza de conseguir un clásico disfrutable a un precio razonable.

 

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Esta especulación también afecta a futuros clásicos, tenedlo en cuenta. No os lo voy a negar, hay cierto resentimiento personal en este artículo, y no precisamente poco.

¿Qué coches son los más afectados por la burbuja?

Casi no hace falta que los mencionemos. ¿Qué coches son los que más se comercian en subastas de alto standing? Ferrari clásicos, los Mercedes 300 SL o Porsche refrigerados por aire anteriores al año 1975. El precio de un coche que se englobe en estas categorías supera las seis cifras con toda seguridad, y mucho más si tiene palmarés deportivo o ha sido propiedad de algún personaje relevante, ya sea piloto o famoso cantante. Con respecto a 2009, el valor de algunos clásicos “coleccionables” ha aumentado una auténtica bestialidad. Classic Data cuantifica dichos incrementos, publicados en revistas especializadas, especialmente alemanas.

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El modelo que más ha incrementado su cotización en los últimos 5 años ha sido el Porsche 550 RS Spyder. El valor del Little Bastard se ha incrementado un 649% desde los 350.000€ por los que se intercambiaba frente a la media actual de 2,5 millones de euros. Si esto no es especulación que venga alguien y me lo explique. El Mercedes 300 SL no se salva, con un incremento del 179% en su valoración, actualmente cifrada en 950.000 euros. Los BMW 507, Ferrari F40, Aston Martin DB4 o Lamborghini Miura también han duplicado o casi triplicado su valor en el caso del Miura. La tendencia no sólo es visible en coches denominados “de coleccionista”.

La burbuja ha sido especialmente marcada en los Porsche refrigerados por aire. Hace unos años era posible comprar un Porsche 911 Carrera de los años 70-80 por entre 10.000€ y 15.000€ en nuestro país. Os reto a encontrar alguna unidad de Porsche 911 refrigerado por aire por menos de 30.000€ (en estado de funcionamiento). Si la encontráis, os aseguro que el anuncio durará horas. La especulación con los Porsche 911 también afecta a los 964 y 993, estos últimos con valores especialmente desatados en versiones Turbo o de tirada más limitada. ¿Y sabíais qué? Como vivimos en un mundo globalizado, la burbuja de precios no entiende de fronteras. Europa es un mercado único, pero nos encontraremos el mismo panorama en Estados Unidos por ejemplo.

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Otro ejemplo de burbuja de precios se da con los BMW M3 de primera generación. El mercado ha entendido que son coches especiales – no así los BMW M3 E36, por ejemplo – y ha hecho que su valor aumente en torno a un 150% en cinco años. Sigue siendo un coupé de cuatro cilindros, pero la racionalidad limitada del mercado interpreta que sus expectativas de revalorización son altas, y ello justifica este precio. El Mercedes 190E 2.5-16 es comparable casi punto por punto al BMW M3 E30 en valor real – intrínseco en términos financieros – y sin embargo su cotización es inferior a la mitad, a pesar de haber crecido su precio considerablemente los últimos años.

En general, son los vehículos fabricados antes de 1985, en números limitados y con alguna característica especial – ya sea diseño, prestaciones o reputación – los que han visto su valor exponencialmente incrementado durante los últimos años. Se comienza a hablar del principio del fin de la burbuja con la estabilización de la economía en la zona OCDE, y el hecho de que hasta los especuladores ven el exceso, pero el valor de los coches clásicos sigue disparado. Esto no nos va a traer buenas consecuencias.

Ni los clásicos populares son ya populares

Y es que esta expectativa de revalorización ha provocado el encarecimiento del clásico popular, ese vehículo accesible con unos pocos ahorros, y que permite a alguien joven experimentar la experiencia de conducir un coche de su edad. El Peugeot 205 GTi o el Volkswagen GTI de primera generación ya no son las gangas que eran hace unos pocos años: no hay nada aprovechable por menos de 3.000€; hace tiempo se conseguían por menos de 1.000€ en condiciones de funcionamiento (no en excelente estado, lógicamente). Incluso un coche sin apenas valor como es el Porsche 944 – denostado por la colaboración con Audi, aunque sea un deportivo muy interesante – ha visto su cotización crecer notablemente en los últimos años, y casi doblarse en valor.

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Sin salirnos de Stuttgart, incluso el Porsche 996 se ha revalorizado, a pesar de sus males endémicos y el hecho de no ser considerado aún un clásico: sólo los Turbo o GT3 serán coleccionables en unos años, pero el valor de los Carrera más ajados no cae por debajo de los 15.000€: hace apenas unos años era posible adquirirlos por 10.000€. Lo mismo ocurre con clásicos de a pie como los Mercedes W201 o los incombustibles W123 estrenados a mediados de los años 70. Una generación de berlinas, coupés y familiares que abundan en España en el mercado de segunda mano, con gigantescas kilometradas a sus espaldas – lo común es que sus humeantes diésel superen con creces los 250.000 km – y un precio que comienza a ascender peligrosamente.

Los W123 aún tienen un precio razonable, y no culpo a sus dueños de intentar explotar un mercado con precios al alza, pero en algún momento estos precios van a tocar techo. Y todo lo que sube, baja, que nos quede muy claro. Pensad en cualquier coche apetecible de los años 80 y 90, y en la mayor parte de las ocasiones, habrá experimentado una fuerte subida de precio en los últimos años. Si tu cartilla de ahorro no es potente, es posible que se queden fuera de tu presupuesto. No seréis los únicos, creedme.

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Todas las burbujas tienen un fin amargo

¿Quién sale ganando de esta burbuja de precios? Al igual que con una casa hace años, quién tenía un deportivo y lo ha conservado en buen estado para venderlo actualmente, o quién lo ha considerado una inversión: previendo esta subida de precios y vendiendo a un precio superior. Quizá mi problema es que no consigo ver a un coche como un producto financiero. Quizá el problema es que pienso que los Porsche 911 o BMW M3 E30 están hechos para ser disfrutados, y por tanto conducidos. Un clásico almacenado en una burbuja climatizada en un garaje – y sólo exhibido en concursos de elegancia a los que se transporta en un remolque – es como tener encerrado en una jaula a un perro con pedigrí.

¿Acaso merece ese pastor alemán ganador de concursos estar encerrado en su jaula toda su vida? Mi respuesta es la misma para un coche clásico. El problema de esta burbuja es que está relegando al encierro involuntario a cientos y miles de clásicos que podrían ser disfrutados por verdaderos amantes del automóvil, que igualmente los mimarían. No deberían ser un simple número a la espera de una revalorización: los coches no deberían ser un simple producto especulativo. Por supuesto que hay ciertos coches que nacieron para ser clásicos instantáneos, como el Ferrari F40 el Porsche 959. Eran coches realmente especiales, ya de un precio prohibitivo en su época, y su estatus de coleccionista es lógico.

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No, el verdadero problema está en los coches clásicos – sin necesidad de irse a los años 60 o 70 – que en su momento disfrutaban de un valor razonable en el mercado de segunda mano, y que a causa del efecto arrastre del mercado, han incrementado su valor con la esperanza de ser revendidos a su vez a un precio superior. Todas las burbujas tienen un final amargo, un pinchazo de depreciación repentina, de ajuste a la realidad. En ocasiones el ajuste devuelve los precios a un nivel óptimo, pero en otras ocasiones provoca caídas de valor tremendas, muy por debajo del nivel de precios existente al inicio de la burbuja. ¿Un 911 por 10.000€? Todo puede ser.

Es entonces cuando veremos historias como la de cierto concesionario japonés, repleto de clásicos europeos abandonados a su suerte. Esto podría pasar tras la explosión de una burbuja irreal. No queremos hacernos eco de este tipo de historias, a los aficionados al motor de verdad nos duele. ¿Qué podemos hacer? No caer en la trampa de los precios ascendentes, no especular con ese clásico que tenemos desde hace años, por muy tentador que sea. Aprendamos de lo ocurrido con el mercado inmobiliario. Disfrutemos de nuestros clásicos con cabeza, y permitamos a las nuevas generaciones acceder a estos vehículos, Fuente: Diariomotor.

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